6 nov. 2010

Desconfianza en el Sistema

Hace más de dos siglos, Kant defendía en su Paz Perpetua (1795), que la humanidad debe construir un solo Estado bajo la forma federal, destruyendo fronteras y creando un derecho cosmopolita y una ciudadanía universal.
 La Unión Europea constituye por sí misma un ejemplo de cosmopolitismo cívico en todo el mundo, pero para que esto tenga sentido y sea extendido e interiorizado por sus 500 millones de ciudadanos europeos primero y extendido al resto del mundo después, debe hacerse justo, creíble y visible para sus ciudadanos. Debe ser real para todos nosotros, ser europeos y pertenecer a esta gran Comunidad debe ser algo más que entrar en un gran bazar, debe representar el sentir y el vivir de sus ciudadanos, sean de donde sean y pertenezcan al Estado que pertenezcan. Las libertades fundamentales son algo más que logros conseguidos en los mercados, la libertad de movimientos sin restricciones, el respeto a la diversidad cultural y a las minorías deben ser señas de identidad europeas intocables, si estas se rompen, el respeto a sus Instituciones se rompe, y recuperarlo es muy costoso, en tiempo y sobretodo en la pérdida de confianza de sus ciudadanos, que como el cuento de Pedro y el Lobo, ya nadie se fía de si lo que nos cuentan es o no cierto.
Hoy europeístas y euroescépticos andamos luchando por creer, por ver atisbos de esperanza, de eso que queremos creer y que cada día nos resulta más difícil: confiar en el Sistema. 
Es difícil extender una Europa unificada donde se resquebrajan los Estados, cuando un país por ser poderoso mueve a su antojo las normas de otros, cuando tiene más poder que otro dentro de un sistema que se dice solidario. Otros se desintegran con sus distintas autonomías y feudos. Antes los Señores de los Reinos poseían su propio castillo, ahora sus propias televisiones, y bajo ese canal contaminan a su pueblo. Es difícil que crezca la idea de Solidaridad y Derechos Civiles si hacemos de la corrupción y el clientelismo un arma legal. Dice un amigo mío que todo ser humano es bueno y malo por naturaleza, pero que es más fácil que nos arrastre lo malo, y que para que lo bueno nos arrastre necesitamos de mucha ayuda, de muchas personas, de Solidaridad, de ejemplos cercanos, pero sobre todo de mucha formación e información. 

El clientelismo es un arma de difícil exterminio, es lo que arrastra a la gente a ser servil y agradecido con aquel que te da de comer, ya no se votan ideologias ni personas, se vota como contrapartida a una prestación, a la devolución de un favor. El político busca clientes, y los clientes buscan productos y servicios, es decir, favores económicos y trabajo. Este nuevo mercado está extendido y arraigado en algunas comunidades autónomas y ciudades tan ferozmente, que tan solo encerrando al corrupto bajo llave (y a veces ni con eso) se podría romper con este círculo que genera tanta y tanta insolidaridad. Aunque contemos con leyes que defiendan al ciudadano solidario, no es tarea de la Justicia (o eso dicen los jueces), el romper ese mercado creado por y para los corruptos, que son las urnas, las que deben castigar con su voto las actuaciones de estos personajes. Así es como se cierra el círculo perfecto: el Sistema perfecto.
Un sistema que afecta a grandes Instituciones, Países, Mercados, un sistema fácilmente contagiado por el canal de la globalización, que como cada individuo nace bueno y malo al mismo tiempo, pero el lado malo lo arrastra, hasta tal punto, que si el Sistema no es capaz de garantizar una plaza educativa para cada individuo deberá garantizar una plaza carcelaria para cada uno (aunque algunas tengan jacuzzi), en un futuro no muy lejano.
Cada uno tiene su papel en esta sociedad, y cada uno de nosotros la elección de pertenecer a uno u otro grupo, romper la espiral de la corrupción está en cada ciudadano que consiente, participa o mira para otro lado cuando la máquina de la corrupción se pone en movimiento.